Don Gatito y sus amigos del bosque

Érase una vez un viejito y una viejita que tenían un gatito gris, suave y esponjoso, con patitas blancas. Se llamaba Vasco. Pero el gatito ya era mayor; ya no podía cazar ratones, solo dormía en la chimenea y esperaba el sol en la ventana.

Un día, el viejito dijo:
—¿Qué hacemos con él? Ya ni siquiera se gana la leche.
Y la viejita respondió:
—Pues llévalo al bosque. Que viva allí.

El viejito metió a Vasco en una cesta y lo llevó al bosque profundo. Dejó la cesta bajo un roble y se fue a casa.

El gatito estaba triste. De pronto, vio venir a una zorra pelirroja, con una cola muy tupida.
—¿Quién eres tú? —preguntó la zorra.
Y el gato maulló con orgullo:
—¡Soy don Gatito, y vengo de tierras lejanas!

La zorra se sorprendió:
—¿Y dónde vives?
—Pues ahora, en ninguna parte —suspiró el gato.
—¡Ven a mi casa! —dijo la zorra alegremente—. Mi madriguera es acogedora y calentita.

Se fueron juntos. La zorra llevó a don Gatito a su madriguera, le dio una gallina rica que había traído del pueblo y agua fresca del manantial.

Al día siguiente, la zorra salió al bosque y se encontró con un lobo grande, gris, de ojos amarillos.
—Oye, lobo —dijo la zorra—, ahora tengo en casa a don Gatito. ¡Es tan fuerte y tan listo!
El lobo movió las orejas:
—¿Qué don es ese?
—Ven a visitarlo y lo verás. Pero trae algo rico.

El lobo trajo un ganso. La zorra invitó también al oso, que llegó con un gran panal de miel. Todos fueron juntos a la madriguera.

El gatito Vasco estaba sentado a la entrada, ronroneando y tomando el sol. El lobo y el oso nunca habían visto un gato.
—Oh —susurró el oso—, ¡qué pequeño es!
—Es que no se ha levantado aún —dijo rápido la zorra—. Pero si se enfada, ¡se vuelve muy temible!

El lobo dejó el ganso, el oso puso la miel, y se escondieron detrás de unos arbustos para mirar. El gatito salió, olió el ganso y se lanzó sobre él con uñas y dientes, ¡hasta que las plumas volaron!
—¡Poco, poco! —maullaba mientras mordía.

El lobo y el oso oyeron «¡poco, poco!» y se asustaron.
—¡Quiere más! —susurró el oso—. ¡Quiere comernos a nosotros!
Y echaron a correr: el lobo saltó a un barranco, y el oso, aunque le costó, trepó a un árbol.

La zorra se reía:
—¡No tengáis miedo! ¡Es solo un gatito!

Los animales salieron de sus escondites, rieron un buen rato, se acercaron y conocieron bien a don Gatito. Hasta el oso le dio la pata.

Desde entonces, vivieron todos juntos y fueron amigos. La zorra agrandó la madriguera para el gato, el oso traía miel, y el lobo vigilaba que nadie les hiciera daño. Y el gatito Vasco les contaba cuentos tan bonitos sobre la gente y los pueblos, porque había visto mucho en su larga vida.

Y tan felices fueron en el bosque, que seguro aún viven juntos, ayudándose unos a otros.