Tope, el dinosaurio gentil

En un valle verde lleno de helechos altos vivía un dinosaurio llamado Tope. Era el más grande de todo el valle. Cuando Tope caminaba, la tierra temblaba bajo sus patas: ¡top, top, top!

Una mañana, Tope salió a jugar. Vio flores de colores y corrió hacia ellas: ¡top, top, top! De las flores salieron volando mariposas pequeñas. Se asustaron tanto que se escondieron muy lejos.

— ¿Por qué huyen? — preguntó Tope extrañado.

Luego vio un arroyuelo. Quiso beber agua y corrió rápido, rápido: ¡top, top, top! Del agua saltaron unas ranitas. Lloraron de miedo.

— Solo quería beber — dijo Tope triste.

Siguió caminando y vio un arbusto con bayas. Se estiró para cogerlas y el arbusto crujió entero. Salió volando un pajarito de copete rojo.

— ¡Ay, mi nido! — pió el pajarito.

Tope se sentó en la hierba. Estaba apenado. «¿Por qué todos me temen? Si soy bueno», pensó.

De repente, oyó un chirrido cerca. Era un ratoncito diminuto enredado en la hierba alta.

— Ayúdame, por favor — pidió el ratoncito en voz baja.

Tope contuvo la respiración. Se inclinó con mucho cuidado. Muy despacio, liberó al ratoncito con su pequeña garra.

— ¡Gracias! — se alegró el ratón. — ¡Eres muy cuidadoso!

A Tope se le llenó el corazón de calorcito. Se acercó al arroyo sin hacer ruido. Bebió agua. Las ranitas asomaron sus hocicos y rieron.

Luego se acercó al arbusto de bayas. Cogió una baya con suavidad. El pajarito de copete rojo voló y se posó en su lomo.

— ¡Has aprendido a andar en silencio! — trinó el pájaro.

Las mariposas volvieron y bailaron alrededor de Tope en un alegre círculo.

Al atardecer, el dinosaurio se tumbó en la hierba mullida. El ratoncito dormía junto a su pata grande. Las ranitas croaban quedo junto al arroyo. El pajarito dormitaba en una rama.

El valle se dormía. Tope cerró los ojos y sonrió.