Había una vez siete colores que vivían en el cielo. Eran hermanos: Rojo, Naranja, Amarillo, Verde, Celeste, Azul y Violeta.
Un día se juntaron en una nube y empezaron a discutir.
—¡Yo soy el más importante! —dijo Rojo—. Pongo color al sol y a las fresas. Sin mí todo es triste.
—¡Yo soy el calor y la alegría! —gritó Naranja—. Soy la naranja y el atardecer.
—¡Yo soy la luz y la risa! —saltó Amarillo—. Soy el diente de león y el girasol.
—¡Yo soy la vida! —dijo Verde—. Los árboles y la hierba son míos.
—¡Yo soy el cielo y el agua! —susurró Celeste—. Sin mí no hay ríos.
—¡Yo soy el mar profundo! —dijo Azul orgulloso—. Soy la noche y la calma.
—¡Y yo soy los sueños y la magia! —murmuró Violeta—. Soy las violetas y el atardecer.
Discutieron y discutieron hasta que empezó a llover. Todos se escondieron bajo una nube. La lluvia cayó y cayó, y luego salió el sol.
—¡Miren! —gritó Amarillo.
En el cielo apareció un arcoíris, pero solo amarillo. La gente abajo suspiró:
—Qué pálido, le falta algo.
—¿Y si lo hacemos juntos? —propuso Verde.
Los colores se tomaron de la mano y salieron al cielo. Rojo, Naranja, Amarillo, Verde, Celeste, Azul y Violeta… ¡todos juntos!
Entonces ocurrió un milagro. El arcoíris brilló con fuerza. En el cielo se dibujaron todas las franjas: roja, naranja, amarilla, verde, celeste, azul y violeta. La gente abajo gritó feliz:
—¡Qué hermoso!
Los colores se miraron y sonrieron.
—Qué bonito es estar todos juntos —dijo Rojo.
Y nunca más volvieron a pelear. Simplemente iluminaban el cielo con su arcoíris.
El sol les guiñó un ojo y se escondió tras una nube. En el cielo quedó un arcoíris tranquilo y feliz.