El bolsito misterioso de Zorra Pelirroja

En un bosque de flores y sol, vivía una zorra llamada Pelirroja. Era lista y juguetona, pero a veces un poco traviesa. Un día, bajo un roble, encontró un bolsito pequeño. Dentro había diez nueces relucientes.

—¡Qué suerte! —dijo Pelirroja, y se guardó el bolsito.

Pero oyó unos sollozos. Detrás de un arbusto, una ratita gris buscaba algo entre la hierba.

—¡He perdido las nueces para mis hijitos! —lloraba la ratita.

Pelirroja escondió el bolsito y dijo:

—No he visto nada.

Corrió a su casa, abrió el bolsito y olió una nuez. Quiso comerla, pero recordó a la ratita llorando. Tomó otra nuez, y otra más. Pero no tenía hambre. Solo sentía una tristeza en el pecho.

Pensó en los pequeños ratones que esperaban a su mamá. De repente, saltó de la cama.

—¡Ya sé lo que debo hacer!

Salió corriendo y encontró a la ratita gris bajo un arbusto.

—¡Ratita! —gritó Pelirroja—. ¿Es este tu bolsito?

—¡Sí, sí! —chilló la ratita, abrazando a la zorra.

—Gracias, Pelirroja. Ven a casa conmigo.

Los ratoncitos corretearon felices. La mamá ratita ofreció miel y moras a Pelirroja. La zorra sonrió y sintió un calorcito en el corazón.

Al anochecer, volvió a su casa bajo las estrellas. Silbaba una canción alegre. Se acostó en su camita y soñó que recogía flores con la ratita gris y sus pequeños.

Pelirroja sonrió dormida y ronroneó suave.