Globito Pompa y la nube

Había una vez un globito azul llamado Pompa. Vivía en una tienda de juguetes y cada día se asomaba al escaparate.
—¡Ay, qué altas están las nubes! —suspiraba Pompa—. ¡Yo también quiero ir allí!
Una mañana llegó una niña, Lucía. Compró a Pompa y salió a la calle.
Soplaba una brisa suave. Pompa tiraba del hilo hacia arriba.
—¡Suéltame! —pedía—. ¡Quiero volar a las nubes!
Pero Lucía sujetaba fuerte el hilo.
De repente, Lucía vio un gatito en un árbol. Dejó el hilo en un banco y corrió a ayudarlo.
¡Pompa se elevó! Más alto, más alto, cada vez más alto.
—¡Hurra, vuelo! —gritaba feliz.
Pasó sobre los tejados, sobre los árboles, sobre los pájaros.
—¡Hola! —le cantaron los gorriones.
Pompa siguió volando. Pero las nubes estaban muy, muy lejos.
Voló y voló. Empezó a hacer frío. Se sintió solo.
—¿Dónde está todo el mundo? —susurró.
Miró hacia abajo. Allá, muy abajo, estaba Lucía. La niña, junto al banco, lloraba.
—¡Mi globito! —gritaba—. ¡Vuelve!
Pompa vio que Lucía estaba triste. Le dio pena.
El viento cambió. Sopló hacia el suelo.
—¿Quieres volver? —preguntó.
Pompa miró las nubes. Estaban frías y lejanas. Abajo estaba Lucía, tan cálida.
—Quiero ir a casa —dijo Pompa en voz baja.
El viento lo llevó con cuidado hacia abajo. Pompa cayó justo en los brazos de Lucía.
—¡Mi globito! —rió la niña—. ¡Has vuelto!
Lucía sujetó el hilo con cariño. Pompa se meció a su lado.
Juntos miraron las nubes. Pero ahora Pompa ya no quería ir allí.
Era feliz aquí, junto a Lucía.
El viento les cantaba una nana. El sol los calentaba.
Pompa cerró los ojos y sonrió.