La pequeña estrella Brilli y su canción silenciosa

Allá en el cielo vivía una estrellita muy, muy pequeña. Se llamaba Brilli.

Brilli parpadeaba suavecito, suavecito. Y cantaba en voz muy baja:
—Brilla, brilla, cierra los ojitos.

Una noche, Brilli miró hacia abajo. En una ventana vio a una niña que no dormía. La niña lloraba.

—¿Por qué lloras? —susurró Brilli.

La niña no la oyó. Pero Brilli quiso ayudarla.

Comenzó a cantar su canción más suave:
—Brilla, brilla, cierra los ojitos. Brilla, brilla, sueña con pajaritos.

Brilli parpadeaba despacio. Una vez: luz. Otra vez: oscuridad. Luz. Oscuridad.

La niña miró por la ventana. Vio la estrellita. Sonrió.

—Brilla, brilla —cantaba Brilli.

La niña dejó de llorar. Miraba la estrella. Brilli brillaba para ella: suave, tranquila, quieta.

Los ojos de la niña se volvieron pesados. Bostezó. Abrazó su osito de peluche.

Brilli siguió cantando:
—Brilla, brilla, ya llegó el sueño. Brilla, brilla, duerme sin dueño.

La niña cerró los ojos. Respiró hondo. Se durmió.

Brilli sonrió. Se sintió feliz.

Miró alrededor. En la casa de al lado, otra ventana tenía luz. Un niño no podía dormir.

Brilli voló hasta esa ventana. Cantó su canción:
—Brilla, brilla, cierra los ojitos.

El niño vio la estrella. Se calmó. Se durmió.

Entonces Brilli vio otra ventana. Y otra más. En todas había niños despiertos.

Voló de ventana en ventana. Cantó su canción silenciosa. Parpadeó suavemente.

Uno tras otro, los niños cerraron los ojos. Sonrieron dormidos. Soñaron sueños bonitos.

Cuando todos los niños durmieron, Brilli volvió a su lugar en el cielo.

Estaba cansada. Parpadeaba muy, muy despacio.

—Brilla, brilla —susurró.

Y ella también cerró los ojitos.

En el cielo quedó todo en silencio. Solo la luna sonreía. Había visto cómo la estrellita ayudó a los niños.

Brilli dormía. Y los niños soñaban con una estrella buena que canta una canción silenciosa.

Brilla, brilla. Buenas noches.