Luna, la lunita que cantaba nanas

Luna era una lunita pequeña que se asomaba detrás de las nubes. Cada noche miraba al bosque y preguntaba bajito:
—¿Quién no duerme todavía?

Abajo, sentado junto a un pino, estaba un conejito que se frotaba los ojos sin querer dormir.
—Conejito, ¿por qué no duermes? —susurró Luna.
—Tengo miedo a la oscuridad —dijo el conejito.

Luna sonrió y cantó una nana:
—Duérmete, conejito, duérmete, yo te alumbraré. Luz suave como manta te cubrirá hasta el amanecer.

El conejito cerró los ojos y se quedó dormido bajo el pino.

Pero pronto Luna oyó un leve ruido. Una ardillita se movía en su rama sin poder conciliar el sueño.
—Ardillita, ¿por qué no duermes? —preguntó Luna.
—Me siento sola —dijo la ardillita.

Luna cantó otra nana, aún más suave:
—Duérmete, ardillita, duérmete, las estrellas te acompañan. Llegará un sueño dulce y soñarás con la primavera.

La ardillita se hizo un ovillo y se durmió.

Entonces Luna vio a un erizo que hurgaba entre las hojas.
—Erizo, ¿por qué no duermes? —preguntó Luna.
—No oí la nana —contestó el erizo.

Y Luna cantó otra nana:
—Duérmete, erizo, duérmete, todo el bosque se duerme. La luna brilla suave, los animalitos duermen, y tú también.

El erizo se durmió bajo las hojas.

Luna sonrió contenta. Todos los animalitos del bosque dormían. Ella los iluminó toda la noche como una lámpara tierna.
—Buenas noches, mis pequeños amigos —susurró Luna y también cerró los ojos.

El bosque se llenó de una calma tranquila, y en el aire aún flotaba la nana de Luna.