Estrellita Brillante y el milagro de Nochevieja

Había una vez una estrella pequeñita llamada Brillante. Desde lo alto del cielo, siempre miraba la Tierra con curiosidad. Una noche, la Luna se dio cuenta de su sueño.

—Quiero bajar a la Tierra en Nochevieja —dijo Brillante.
—Espera —sonrió la Luna—. Llegará tu momento.

Mientras tanto, en una casita, dos hermanos, Max y Elena, miraban por la ventana cada noche.
—Ojalá viéramos un milagro de verdad —suspiró Elena.
—Tal vez no estamos buscando bien —dijo Max.

Llegó la víspera de Año Nuevo. Brillante sintió que algo la empujaba hacia abajo. Voló entre nubes y copos de nieve hasta la ventana de los niños.

Max y Elena estaban junto al árbol de Navidad.
—¡Mira! —gritó Elena—. ¡Una estrella!

Una estrellita dorada entró volando. Brilló con tanta suavidad que la habitación se llenó de calor y paz.
—¿Eres de verdad? —susurró Max.

Brillante destelló alegre y giró alrededor del árbol. Su luz tocó los adornos, ¡y cobraron vida! El muñeco de nieve sonrió, las campanitas sonaron solas, y los conejitos de papel movieron las orejas.

Los niños cerraron los ojos de felicidad. Cuando los abrieron, Brillante estaba en la punta del árbol, brillando como una estrella auténtica.

—Gracias —susurró Elena.
—¿Por qué? —preguntó Max.
—Por creer conmigo.

Brillante alumbró feliz en el árbol. Había encontrado su lugar: donde la esperaban y creían en ella.

Los niños se durmieron abrazados junto al árbol. Brillante los iluminó toda la noche, muy quedito, con una luz suave.

La Luna asomó por la ventana y sonrió. Sabía que así sería.