El Piratilla Marco y el Secreto Submarino

El pequeño piratilla Marco vivía en un barco con una vela roja. Toda su vida había soñado con encontrar un tesoro de verdad: ¡un cofre lleno de monedas de oro!

Una mañana, Marco vio algo brillante en el agua. Agarró su catalejo y en el fondo del mar distinguió un cofre antiguo.

—¡Hurra, el tesoro! —gritó el niño, y saltó entre las olas.

Marco buceó hasta lo más profundo. El cofre descansaba entre corales de mil colores. Pero junto a él, un pequeño delfín con una cinta roja en la aleta temblaba y lloraba quedamente.

—¿Qué te pasa? —preguntó Marco.

—La cinta se enganchó en un barco —sollozó el delfín—. Tiré de ella y cayó aquí con el cofre. Ahora no puedo alcanzarla…

Marco miró el cofre, luego al delfín. La cinta estaba atrapada bajo el pesado hierro.

—¡Te ayudaré! —dijo el piratilla.

Apartó el gran cofre a un lado. El delfín recogió la cinta y dio vueltas de alegría en el agua.

—¡Gracias! Soy Tish. ¿Y tú?

—Marco. Soy pirata.

—¿De verdad? ¡Qué guay! —brilló Tish—. ¿Quieres que te enseñe una cueva con estrellas de mar? ¡Por la noche brillan!

Marco miró el cofre. Tanto tiempo buscando un tesoro… Pero los ojos del delfín chispeaban de felicidad.

—¡Vamos! —sonrió el niño.

Tish llevó a Marco hasta una cueva mágica. En las paredes titilaban cientos de estrellas, como un cielo bajo el agua. Nadaron juntos, jugaron al escondite entre los corales y el delfín contó historias divertidas sobre caballitos de mar.

Cuando Marco salió a la superficie, el sol ya se ponía.

—¡Vuelve mañana! —le gritó Tish desde las olas.

—¡Seguro! —prometió el piratilla.

En cubierta, Marco miró las estrellas. El cofre seguía en el fondo del mar. Tal vez contenía oro, tal vez solo vacío.

Pero el niño sonreía. Mañana Tish lo esperaría junto a los corales. Buscarían la corona perdida del rey del mar o harían tonterías entre peces mariposa.

Marco cerró los ojos y se durmió con el suave rumor de las olas. La vela roja se mecía con la brisa y la luna iluminaba el mar tranquilo.