Timo, el muñeco de nieve y la primavera

Había una vez un muñeco de nieve llamado Timo.

Estaba junto a la casita y sonreía feliz.

Timo tenía una nariz de zanahoria y un cubo en la cabeza. Dos pedacitos de carbón eran sus ojos. ¡Qué guapo era!

Un día llegó un pajarito.

—¡Timo, Timo, ya viene la primavera! —pió el pajarito.

Timo se asustó.

—¡Yo no quiero primavera! ¡El sol me va a derretir! —dijo.

El pajarito se fue volando. Timo se quedó triste.

Entonces llegó una niña, Lucía.

—¿Por qué estás tan triste? —preguntó.

—Tengo miedo de la primavera —contestó Timo.

Lucía sonrió.

—¡Pero en primavera vuelven los pajaritos y cantan! —dijo ella.

—¿Cantan? —preguntó Timo sorprendido.

—¡Sí! Y crecen las flores. Amarillas, azules, rojas. Y en verano como zanahorias como la de tu nariz. ¡Riquísimas!

Timo se animó un poquito.

—¿Y en invierno? —preguntó.

—En invierno hago muñecos de nieve, ¡como tú! —sonrió Lucía.

Abrazó a Timo.

—Cada estación es bonita —dijo Lucía—. El invierno para la nieve, la primavera para las flores, el verano para el sol, el otoño para las hojas.

Timo pensó. Los pajaritos cantan. Las flores crecen. Y el próximo invierno llegará un nuevo muñeco de nieve.

El sol calentó un poquito más. Timo ya no tenía miedo.

—El invierno fue divertido —dijo Timo—. ¡Nos deslizamos en trineo!

—¡Sí! —asintió Lucía.

—Y la primavera también será divertida —añadió Timo—. ¡Tú escucharás a los pajaritos!

Lucía dejó el cubo de Timo junto a la casa.

—El próximo invierno lo usaré —dijo—. Haré otro muñeco de nieve. ¡Quizá seas tú otra vez!

Timo sonrió con su boca de carbón.

El sol calentaba. La nieve se derretía despacio. El pajarito cantaba en la rama.

Lucía saludó a Timo con la mano y se fue a casa. Sabía que pronto vería las primeras flores.

Y Timo se quedó escuchando la canción de la primavera.