Las orejas de Bo

En la calurosa África vivía un pequeño elefantito llamado Bo. Bo tenía unas orejas enormes, tan grandes que le llegaban hasta las rodillas.

Los demás animales tenían orejas pequeñas, pero las de Bo eran inmensas. Bo se avergonzaba. Escondía sus orejas detrás de las hojas grandes. Las apretaba contra la cabeza cuando alguien lo miraba.

—¿Por qué tengo unas orejas tan grandes? —suspiraba Bo.

Un día, el sol picaba sin piedad. Hacía tanto calor que hasta los monos se habían escondido a la sombra. Los pájaros no cantaban. Los animales estaban tumbados sin fuerzas.

Bo vio que el conejito Pedro respiraba con dificultad. La ardilla saltaba hacia el agua, pero el estanque estaba seco. Todos sufrían por el calor.

De repente, Bo sintió una brisa suave. Se abanicaba con sus orejas. —¡Oh! —se sorprendió Bo—. ¡Mis orejas hacen viento!

Bo se acercó al conejito y lo abanicó. Pedro suspiró aliviado.

—¡Gracias, Bo! ¡Qué fresquito! —dijo el conejito.

Bo abanicó a la ardilla, luego al monito. Todos los animales se reunieron alrededor de Bo. Él movía sus grandes orejas y el viento traía frescor.

El calor fue bajando y los animales se alegraron. Corrían, saltaban y le daban las gracias a Bo.

Bo ya no se avergonzaba de sus orejas. Las movía contento y todos eran felices.

Al anochecer, cuando el sol se puso, Bo se tumbó bajo un baobab. Sus grandes orejas descansaban en el suelo, pero ya no las escondía. A su lado dormían el conejito, la ardilla y el monito. Todo estaba en calma y fresquito.