En la rama más alta de un viejo arce vivía una hojita llamada Arcecito. Era de un verde brillante y muy orgullosa.
Cuando llegó el otoño, las hojas vecinas empezaron a ponerse amarillas.
—¡Yo no quiero cambiar! —dijo Arcecito—. ¡Siempre seré verde!
Pero una mañana se despertó amarillo como el sol.
—¡Ay, ay, ay! —se asustó—. ¿Qué me pasa?
Cerca de él, una hojita mayor, Doradita, también se estaba volviendo amarilla.
—No te preocupes —susurró Doradita—. Así es la naturaleza. Pronto volaremos hacia abajo.
—¡No! —gritó Arcecito, y se aferró con más fuerza a la rama—. ¡No me soltaré! ¡Este es mi sitio!
Doradita sonrió, soltó la rama y el viento la alzó. Voló dando vueltas en el aire.
—¡Adiós, Arcecito! ¡No tengas miedo! —alcanzó a decir.
Arcecito miró cómo las demás hojas se iban una tras otra. Bailaban en el viento, caían sobre la hierba, flotaban en el arroyo. Pero él se quedaba quieto.
Pasó una semana. Arcecito se volvió rojo como una manzana. La rama se quedó vacía y fría.
Una tarde llegó volando una golondrina llamada Flechita.
—¿Todavía estás aquí? —se extrañó—. Todos tus amigos ya están abajo.
—Tengo miedo —confesó Arcecito en voz baja—. ¿Y si me duele? ¿Y si desaparezco del todo?
Flechita se posó a su lado.
—¿Sabes? Yo también tenía miedo de volar hacia el sur. Pero si no lo hiciera, no vería nada. Mira abajo.
Arcecito miró. Bajo el arce había una alfombra de hojas doradas, rojas y naranjas. Los niños las juntaban en ramos. Una ardillita saltaba entre el crujido de las hojas, riendo. Doradita descansaba junto a un charco, reflejándose como un segundo sol.
—Parecen… felices —murmuró Arcecito.
—Porque no tuvieron miedo a los cambios —dijo Flechita, y siguió su viaje.
Arcecito pensó un rato. Luego respiró hondo el aire frío.
Y soltó la rama.
El viento lo alzó suave, con ternura. Arcecito giró en el aire —arriba, de lado, hacia abajo—. ¡Volaba! ¡Era como un baile!
Aterrizó justo en las manos de una niña.
—¡Qué bonito eres! —dijo ella, y lo guardó en un álbum entre las páginas.
Ahora Arcecito descansa allí, bien rojito, y a través del cristal ve cómo la niña dibuja. Ella lo mira a menudo y sonríe.
Afuera cae la nieve. Pronto llegará el invierno, luego la primavera, y en el viejo arce nacerán hojitas verdes.
Y todo estará bien.